Insomnio

El insomnio es la forma más común de trastornos del sueño.

Se describe como una dificultad persistente para iniciar (latencia) o mantener el sueño, lo que produce insatisfacción general del descanso (mala calidad). La queja sobre el sueño se acompaña de angustia por falta de sueño y/o repercusión en las áreas familiares, sociales, vocacionales, académicas u otras áreas importantes de funcionamiento.

Para un diagnóstico de insomnio, el individuo debe tener dificultades con la latencia del sueño y los períodos de vigilia (estado de despierto) durante más de 30 minutos al menos 3 veces por semana. Este trastorno ocurre en aproximadamente el 10% de la población y las mujeres tienen más probabilidades de ser vistas por esta queja.

Puede ocurrir a cualquier edad, pero se diagnostica con mayor frecuencia en adultos mayores, probablemente debido a un deterioro relacionado con la edad en la continuidad del sueño y un aumento en las comorbilidades médicas y el uso de medicamentos que aumentan el riesgo de insomnio. Los pacientes de edad avanzada con frecuencia toman medicamentos, que puede interrumpir el sueño y causar insomnio y que deberán ser evaluados y de ser necesario realizar una modificación terapéutica de acuerdo con cada paciente y sus enfermedades asociadas.

De la misma forma es importante que a través de una valoración geriátrica se detecte alguna afección asociada como trastornos respiratorios (apnea obstructiva del sueño) y trastornos del movimiento (síndrome de piernas inquietas y movimiento periódico de las extremidades). Estos se consideran trastornos primarios del sueño y presentan una mayor incidencia en el adulto mayor. Los trastornos secundarios del sueño son el resultado de enfermedades asociadas que afectan el sueño, como trastornos psiquiátricos, emocionales (depresión, ansiedad), dolor crónico, reflujo gastroesofágico, micción frecuente o disnea (sensación de ahogo) debido a insuficiencia cardíaca congestiva, enfermedad pulmonar obstructiva crónica o asma. La búsqueda intencionada de depresión y ansiedad en pacientes ancianos con insomnio es obligada, ya que son causas frecuentemente encontradas como causa directa o indirecta de este trastorno del sueño.

Las consecuencias clínicas de los trastornos del sueño en la población adulta mayor incluyen: somnolencia diurna, lo que puede dar lugar a la desorientación, delirium, alteraciones cognoscitivas, enlentecimiento psicomotor e incremento en el riesgo de accidentes y lesiones; comprometiendo la calidad de vida, generando problemas sociales y económicos para el sistema de salud, así como para los cuidadores.

Un sueño nocturno con duración menor de 5 horas se relaciona a un incremento de riesgo de caídas, independientemente del uso de benzodiacepinas y otros factores de riesgo de caídas. El tratamiento del insomnio en general presenta como principal objetivo mejorar el nivel de satisfacción respecto al sueño. En este sentido, es fundamental llevar a cabo un abordaje terapéutico integral, en el que se valoren todos los factores contribuyentes que pueden alterar el sueño. Así el objetivo será mejorar tanto la calidad como la cantidad de sueño, reducir la latencia de sueño y los despertares nocturnos, además de incrementar el tiempo total que se está dormido y como consecuencia, aumentar el funcionamiento diurno. En cualquier ámbito que se recurra a plantear un tratamiento no farmacológico, las medidas de higiene del sueño deberían estar siempre presentes. De hecho, son unas recomendaciones que podrían considerarse “reglas de sentido común” y que, a pesar de ello, son las más difíciles de seguir, y que son fundamentales para que se mejoren los hábitos de calidad de sueño. Por otra parte, puesto que el insomnio es un trastorno “psicofisiológico” en el que intervienen factores mentales y del comportamiento es necesario considerar, el tratamiento psicológico del insomnio.

El tratamiento con medicamentos debe usarse en la minoría de pacientes; sin embargo, los medicamentos hipnóticos sedantes (principalmente benzodiazepinas) son el enfoque de tratamiento más comúnmente recetado para el insomnio en pacientes mayores. Los adultos mayores tienen más del doble de probabilidades que los adultos más jóvenes de recibir medicamentos recetados para el insomnio, lo cual es particularmente preocupante dado el mayor riesgo de efectos secundarios de los medicamentos, interacciones medicamentosas, tolerancia y dependencia, y la falta de evidencia que respalde el uso a largo plazo en pacientes mayores. En general, las benzodiazepinas de acción prolongada no deben usarse con adultos mayores debido a los mayores riesgos de sedación diurna, caídas y confusión. Además, se deben evitar los agentes con efectos secundarios anticolinérgicos (p. Ej., Difenhidramina).

Publicado por geriatraensalamanca

Médico Geriatra

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